• 13 JUL 17
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    EL AMOR ES CIEGO

    Hay una cita anónima que dice: “El amor es ciego cuando nace, miope cuando crece y lo ve todo cuando muere”. Qué frase tan certera y tan propicia para el amor, ese sentimiento intenso que adquiere más fuerza si cabe, en esta época estival, donde el buen tiempo y la ociosidad nos pueden llevar a vivir un romance veraniego. Pero como bien deja entrever nuestro filósofo desconocido, el amor no son sólo esos estímulos luminosos que llegan hasta nuestro cerebro. Va más allá.

    Muchas veces, la irracionalidad del amor se traduce en esa ceguera que nada tiene que ver con conos, bastones y demás. En la “retina afectiva de la atracción”, ya sea hacia una persona, animal u objeto, el examen visual poco puede hacer frente a los latidos del corazón. Porque en el corazón no hay células visuales. La ceguera de la que habla la cita no es fisiológica ni funcional, es más intangible y emocional. Va cambiando y mejorando con el tiempo a medida que la ilusión y los fuegos de artificio del amor caen para despojarnos de nuestra catarata sentimental. Y eso no es mejor ni peor, simplemente nos da más información de lo que está aconteciendo y amplía nuestro espectro visual. Dar y recibir amor es bueno, como lo es también moldear la percepción y el entendimiento al respecto.

    Qué caprichoso es el tiempo: a medida que envejecemos hace que nuestros ojos pierdan funcionalidad a causa del desgaste natural. No obstante, nos aporta esa sabiduría y esa madurez para que, aun viendo peor, podamos “ver mejor”. Lo primero puede tener solución. Lo segundo, es cuestión de tiempo.

    AITOR AZPEITIA URDAMPILLETA

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